viernes, 31 de marzo de 2006

El Castillo Medieval de Harold Foster


Leyendo el Castillo Medieval de Harold Foster, soñé que despertaba con los hermanos Guy y Arn, y que vivía con ellos en la época medieval en uno de aquellos castillos que he visitado como turista. El frío, los olores de la cocina, el ambiente de los establos… todo ello era diferente a mi acomodada vida de ciudadano del siglo XXI. Junto a ellos aprendí a manejar la espada, a luchar, a montar a caballo preparándome para la guerra, yo que ni siquiera he hecho el servicio militar, que no he cogido un rifle en mi vida, veía lo más normal del mundo el aprendizaje del manejo de la espada, las lanzas y los arcos. Desde lo alto de las almenas observaba las batallas del señor del castillo contra su vecino Sir Gregory veía impertérrito el derramamiento de sangre y la muerte. Como siempre ha ocurrido, los campesinos, los siervos, los niños y las mujeres son los que se llevan la peor parte, pero mi corazón se ha endurecido porque me he transformado en un hijo del medioevo, y en esos tiempos esas cosas eran normales.

Veo como llega la paz y sufro a continuación los rigores del invierno, aprendo a pescar, a cazar patos, a luchar contra jabalíes. La primavera llega y es recibida por mí con alegría y alborozo, y con el buen tiempo me enamoro de la hija del señor del castillo. Su belleza me embriaga, pero ella no se fija en mí porque su corazón es de otro. Sufro y paseo por las murallas del castillo. Desconcertado observo como el señor del castillo sale por la puerta principal con un ejército, se acerca a mí y me pregunta si quiero acompañarle a luchar junto a él en las Cruzadas. El amor de su hija está vedado para mí, no tengo nada más que perder que mi vida, y sin pensarlo le digo que sí… De repente termino de leer esas viñetas que ocupan el tercio inferior del tomo quinto de Príncipe Valiente publicado por Planeta y despierto reflexionando sobre cuánto tiempo había pasado sin que un tebeo me hiciera soñar.

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